24 marzo 2017

Tus papás te aman

Al niño le gusta hacer el mono en el pasillo de su casa. Sus papás, tan modernos, lo han enviado a un curso de expresión corporal.

El niño, ahora inexpresivo, hace redobles golpeando con sus manos una caja de cartón. Sus papás, siempre diligentes, lo han matriculado en el Conservatorio.

El niño odia el solfeo, pero corre y da saltos por el parque. Sus papás, bien dispuestos, lo han inscrito en el club de atletismo.

El niño agotado, solo quiere pintarrajear hojas de papel con su caja de colores. Sus papás, siempre atentos, le obligan a ir a clases de plástica.

El niño ya no pinta nada, está quieto y tiene miedo de moverse. Sus papás, muy preocupados, lo llevan al psicólogo.

 (Lo escribí en el 2008, pero tenía interés en publicarlo de nuevo con ligeros retoques, porque todo va a peor)

10 marzo 2017

El final de las dudas

Tenía que hacerlo. 
Debía esconder mi última duda en el lugar más impenetrable de mi mente para ponerla a salvo de los militantes de la Verdad Absoluta.
Tiempos oscuros.

Disputaron el poder en dos bandos supuestamente enfrentados pero era mentira, el Partido de los Verídicos y el Partido de los Auténticos se pusieron de acuerdo para gobernar en coalición y erradicar juntos los “cuestionamientos individualistas peligrosos”.
El decreto gubernamental fue concluyente: en el plazo de un mes los ciudadanos tendrían que desprenderse de sus dudas perniciosas.  

Miembros del "Comite Local para el Exterminio de Dudas Tóxicas, Maniáticas y Obsesivas" (CLEDTOMANO) habían colocado en las calles contenedores de color zafiro, para que los ciudadanos se desprendieran de sus incertidumbres inadecuadas. La sede del Cuerpo Oficial de Sacerdotes Calibradores de Dudas (COSCADA), se abarrotó con inmensas filas de ciudadanos ansiosos de que les informaran si sus incógnitas eran tóxicas o livianas, amenazadoras o amigables, pasajeras o permanentes.
Nadie pensó que algo tan nimio causaría tanto dolor. 
La población  se  despidió de sus dudas como si las enviaran a la guerra. Estallaba el llanto en los ojos de los más ariscos y la tristeza danzaba sobre la muchedumbre.
Yo también me fui desprendiendo de las mías, pero cuando llegue a la última, titubeé. Por entonces empezaba a correr el rumor de que enormes camiones nocturnos transportaban nuestras dudas a siniestros campos de exterminio.
Me dio pena aquella última duda tan pequeña y vulnerable. Me había sido fiel durante muchos años y seguía tan fresca y lozana como el primer día.
Ahora sigue conmigo. Tierna, íntima y clandestina.
La alimento con lo que puedo y sé que le entregaría mi alma si me la pidiese.

No puedo dejar que desfallezca. Es cuestión de vida o muerte.
Mientras ella viva, viviré yo.

24 febrero 2017

Exquisitas amistades

(Recuperando una vieja entrada)

Vas al mercado, compras una merluza y le pides al vendedor que te la limpie. De algún remoto rincón de su delantal blanco surge un enorme cuchillo que con inusitada pericia se hunde en el lomo del pescado. Una hendidura longitudinal e inapelable en la que él puede introducir sus dedos gordos y sacarlos ensangrentados con las vísceras del pez. Ya limpio, el vendedor se dispone a cortarle la cabeza.
  • No, espere. Quiero verle los ojos antes de que lo decapite.
El hombre lleva treinta y cinco años limpiando pescado pero nunca ha oído nada semejante. 
  • Si quiere se la dejo entera.
  • De acuerdo, me la llevo así.
¿Cómo le vas a decir al  sorprendido pescadero que esa exquisito pez se ha atrevido a lanzarte un guiño de complicidad poco antes de perder sus vísceras? 
Llegas a tu casa nervioso, entras en la cocina y despejas la mesa. 
A duras penas  logras desenvolver el paquete. 
En el armario coges un plato grande de loza y colocas la merluza encima. 
Te alejas de la mesa para tomar las debidas distancias. 
Respiras hondo y tiemblas. Te contienes durante un rato,  pero al final no puedes evitar hacer la trascendental pregunta que martillea en tu cabeza.
  • ¿Nos conocemos de algo? 

09 febrero 2017

¿Qué se nos ha perdido en los anillos de Saturno?

Señor y señora Trump, son ahora las 9 de la mañana en el 725 de la Quinta Avenida, a la altura de Midtown de Manhattan en la ciudad de Nueva York. Estamos en la nave estelar Trumpetín 739 volando sobre el sexto anillo del planeta Saturno a 5000 km. por segundo, rumbo al International Satellite Donald J, Trump al que llegaremos en cuatro horas. Les rogamos que no se muevan de sus fundas protectoras hasta que termine su proceso de descrionización. Mientras tanto les amenizaremos su descongelación con imágenes y música variada.
Les habló Panchito 304, ordenador central de la nave, asistente personal y cuate del alma.




  • Melania, reacciona, lo has oído igual que como yo. ¡Nuestro ordenador central es un pinche guey mexicano cometacos! 
  • No sé, Donnie, cariño, si tu lo dices. A mí lo que me preocupa es si después de esta experiencia tan desagradable, mantendré la calidad de mi cutis de rosa. Ya sabes que dicen que las cosas congeladas no tienen la misma calidad que las frescas. 
  •  Mel, tú no eres una cosa y además recuerdo haber leído en en el Reader's Digest que nuestros cuerpos no pueden sentir el paso del tiempo si están congelados. Es algo relacionado con la Teoría de la Relatividad de aquel tipo despeinado de melena blanca y con cara de vicioso. ¿Cómo se llamaba? 
  • No recuerdo, Donnie, ya sabes que esas cosas sesudas no se me dan nada bien.

  •  Donnie, ¿sigues ahí, en la funda? 
  • Claro, nena, ¿dónde iba a estar si no? 
  • Ay Donnie, no hablo mexicano pero creo que esté robot se está pitorreando de nosotros con esa música y esos monstruos de película. Deberías hacer algo, tú fuiste presidente y deberían tenerte cierto respeto. 
  • Melania, te recuerdo que esta nave nos las dejo dejó Vlady para escapar de nuestros compatriotas cuando las cosas se pusieron feas y no podemos elegir. Recuerda como nos metió prisa cuando vino a despedirnos a Boikonu. 
  • Es terrible, hemos escapado de la Tierra como escapaban de México esos espaldas mojadas a los que tanto odiabas. ¿Dónde quedo aquel poderoso Donald J. Trump que hacía temblar al mundo entero y que logró seducirme?

  • ¡Fui grande, Mel!! ¡¡Fui el más grande!! Gané unas elecciones teniendo al establishment y todos los medios en contra. Derroté a esa casta pusilánime y fondona llena de frikis de Silicon Valley, maricas de terciopelo, negros proxenetas y pijos de Wall Street. 
  • Y luego lo perdiste todo por querer ser incluso más macho que tu amigo Putin. Al final él nos salvó, si no fuera por ese cara de rata hubiéramos acabado colgados por los pies como aquel calvo italiano facha y su chica. ¡Sí, tuviste que hacerte el macho y la cagaste muchacho! 
  • ¡¡Déjate de sandeces!! 
  • Sí, sandeces. La única sandez es que estamos en un viaje al quinto infierno teniendo que soportar a un ordenador chicano y cabrón que no deja de torturarnos con sus vídeos de mierda. ¡Haz algo, coño!  
  • Pero cariño, vamos a un satélite que lleva mi nombre, ese no es puede ser el quinto infierno. 
  • Un puto planeta perdido y desértico en el último anillo de Saturno, y con la grata compañía de cuarenta robots enloquecidos. ¿Ese es el futuro que me ofreces? ¿Con quién voy a hacer negocios? ¿Con quién voy a tomar el té? ¿Cómo me entero de los últimos cotilleos de Nueva York?¿En que tienda voy a comprarme el último grito en alta costura o el último descapotable de alta gama? No te lo perdonaré nunca, Donnie, no te lo perdonaré jamás.
  • ¿Vas a seguir reprochándome cosas todo lo que resta de viaje, Melania?
  • Sí, esa es mi intención. Me jodiste y ahora te voy a joder yo a ti.
  • Pancho...
  • Panchito 304, señor.
  • Congela de nuevo a mi mujer que es muy bruja.
  • Ni caso, Pancho...
  • Panchito 304, señora.
  • Debes congélarle a él, recuerda las barbaridades que dijo y quiso hacer con los mexicanos.
  • Lo siento, señores, pero debo congelarlos a los dos hasta que lleguemos a destino que se están poniendo muy pesados. No quiero ser arrogante, dada mi condición robótica y cortés, pero sirva este canción de advertencia sobre lo que podría llegar a hacer con ustedes si siguen tan cargantes.

26 enero 2017

Un cuerpo para hoy

El gomoso mayordomo entra en el gabinete con indolente desenvoltura y se dirige al atril que ocupa el centro de la habitación desnuda. En la parte superior, bajo una vitrina de cristal, brilla una lámpara dorada. Extrae un mínimo plumero retráctil de su elegante chaqué y le da tres toques suaves al  luminoso objeto.
Un resplandor, un relámpago de luz, un fulgor inmenso se adueña de la habitación y se corporiza en una figura humana vestida con un viejo camisón a rayas y un gorro de dormir.
  • Señor, es el momento de buscar un cuerpo adecuado para el día de hoy.
  • Aaugggh, Hortensio - se despereza el aparecido- espero que hayas pensado en algo que me alivie del entumecimiento de ahí dentro. No sé que me pasa últimamente, debo haber ganado peso o quizás que me estoy haciendo viejo.
  • Yo creo que el señor debería hacer algo de ejercicio y no comer en exceso cuando se pone el cuerpo de marqués y le invitan a esos banquetes de alto copete. Por eso he pensado en la conveniencia de probar otras posibilidades menos petulantes.
  • ¡Qué miedo! Conociéndote me puedo esperar cualquier cosa loca y extravagante.
  • Señor, nunca haría nada que fuera en menoscabo de su linajuda condición pero creo que le vendría bien probar otros aires quizás más plebeyos pero muy reconstituyentes.
  • Hortensio, te temo.
  • No me tema, señor, le he traído para que lo pruebe un precioso cuerpo de dinámico activista.
  • Por favor, Hortensio,  ¿acaso pretendes que me transforme en un espantoso comunista barbudo, con ushanka en la cabeza, cara demacrada, mirada cejijunta, mal afeitado y con perversas intenciones homicidas?
  • Señor, lamento decirle que está usted un poco desfasado y demasiado influido por las mentiras de la vieja prensa reaccionaria. Si aquello existió alguna vez ya ha desaparecido. Los activistas de hoy en día son de otra manera y están en otras causas.
  • ¿Entonces ya no se predica y promueve la revuelta social contra la explotación de los poderosos?
  • No tanto, ahora lo que importa es la reivindicación de la identidad de cada uno. Tu país, tu género, tu raza, tu sexualidad, tu forma de alimentarte, tu amor a los animales etc...
  • En mi condición actual, tengo muy poca identidad disponible, cualquiera me vale.
  • Tampoco correría peligro, señor. No correría peligro de ser fusilado por mucho que le consideren un escuchimizado oligarca descendiente de un afamado linaje de orondos oligarcas depredadores. Las revoluciones han cambiado mucho y tampoco la clase obrera se siente representada por la burguesía ilustrada que antes le apoyaba. La de ahora esté demasiado ensimismada con sus discursos teóricos, su culturalismo y la pluralidad de sus luchas.
  • ¿Pero quién representa a los de abajo?
  • El populismo fascista pretende llevarlos a su redil. No es que sea una ideología muy racional y humanitaria pero tiene claros sus objetivos: hacer pensar a los penúltimos que los últimos son culpables de todo. Sobre todo si son pobres, extranjeros y de otras religiones y razas.
  • Como en los años 30.
  • Sí, como en los años 30.
  • Me consuela saber que los de mi clase no corremos peligro, se me quita un peso de encima y eso que no tengo peso desde que soy una pura esencia embutida en una lámpara.
  • Al menos algo quedó de usted después de aquel terrible incendio provocado por usted mismo.
  • Aquel seguro de la casa era una oportunidad para resarcirme de mis fracasos. En fin, se me fue la mano  y fracasé de nuevo. Ahora mismo haría de tripas corazón si aún tuviera tripas y corazón.
  • Señor, ahora tendrá mucha actividad en su nuevo cuerpo de activista. Asambleas, manifestaciones, desahucios, sentadas, conferencias, reuniones informativas, tweets y mensajes en facebook, reparto de propaganda... Va a tener que acostumbrarse a un ritmo frenético, Señor Habe Krem.
  • No seas alarmista, Hortensio ¿o acaso crees que no se llevar con estilo el pañuelo palestino?

09 enero 2017

El sapo en la rama (Cuarta historia de Pega y Pica)

Ahí estaba, como un marqués, justo en medio de la rama en que las urracas Pega y Pica contemplaban día a día las contingencias del bosque. Ahí estaba, con su buche bien inflado en pleno atardecer, despreocupado de su suerte en un territorio hostil e inaudito. 
  • Oye, sapo, ¿qué haces en nuestra rama? No es tu sitio. 
  • Ni tu hora. 
El sapo movió sus pupilas hacia sus glándulas parótidas, con la misma delicadeza y lentitud con que el brutal pistolero acaricia su revólver poco antes del anunciado tiroteo. 
  • Soy el rey de la charca, mis aspiraciones allí abajo están colmadas. He venido hasta aquí buscando nuevas perspectivas de futuro. ¿Molesto? 
  • Depende, todavía no lo hemos decidido, ¿verdad, Pica
  • No, todavía no lo hemos decidido, Pega
  • En todo caso no es corriente ver a un sapo subido a un árbol. ¿Cómo has llegado hasta aquí? No tienes alas, no tienes plumas y tu salto es grotesco incluso comparado con el de tus primas, las ranas. 
  • Cierto, pero tengo don de gentes. Mi croar es un canto tan bello, que no solo entusiasma a las hembras de mi especie, que se pelean por complacerme, también encandila a otros animales de buen oído. Todos prefiere verme como aliado antes que como enemigo, dado mi talento natural para la negociación ¿y por qué no decirlo? para la conspiración y la intriga. Soy un intrigante de mucho cuidado, estoy muy bien informado y a todos les conviene estar a bien conmigo. Por lo tanto, tiene cierta lógica que algún pajarillo se haya ofrecido amablemente a ejercer de taxista para subirme a estas alturas. 
  • Pues yo tenía entendido que algunos pajarracos se pirran por tus higadillos. 
  • Una pobre ilusión de la libido. Si intentasen algo, su fracaso estaría asegurado. Soy un sapo indómito, me revuelvo con velocidad fulgurante ante cualquier agresión y mis parótidas son mortíferas. Pobres córvidos, mi veneno es demasiado letal para sus intereses alimenticios. 
El sapo volvió a hinchar su buche con expresión ampulosa. 
  • ¿Cual es tu objetivo ahora que estás en nuestra rama? ¿Pretendes apartarnos de ella? 
  • No, por favor, hay sitio para los tres. Mis informadores me han dicho que aquí tenéis una atalaya magnífica para ver las miserias del mundo y yo creo que puedo ser un buen compañero de análisis e interpretación. No me negareis que no me he ganado a pulso un puesto junto a vosotras, mis queridas urracas. 
  • ¿Habías visto alguien así antes, Pega
  • No, no había visto nada igual, Pica. Debe ser culpa de la insalubridad de las charcas. 
  • Tenemos entonces dos opciones, ¿pata o pico? 
  • Pico es lo mas ajustado dado lo que larga este sapo. 
  • Pues dale con el pico y mándalo de nuevo a su reino húmedo e infecto.
  •  Adiós rey de la charca, peligroso intrigante y gran conspirador.
  •  Adiós indómito sapo, saco de veneno, enemigo letal. 
 (El resto de historias de Pega y Pica en este enlace)

26 diciembre 2016

No te fíes ni de monos ni de alces (Tercera historia de Pega y Pica)


  
  • Me da pena volver a esta historia, Pica. Me siento estafado por lo que pasó luego.
  • Es Navidad y en estas fechas es obligado dejarse arrullar por historias edificantes y positivas.
  • Pero es injusto contar solo la parte que interesa y olvidarse de lo que vino cuando hubo que repartir el poder entre los triunfadores.
  • Para tu consuelo, Pega, piensa que el viejo escarabajo usa esa historia como parábola moral para conseguir que sus discípulos entiendan eso de que "la unión hace la fuerza". Al final los pequeños escarabajos consiguieron la fruta.
  • Pero el viejo se la comió, Pica, no lo olvides. Con los alces ocurrió lo mismo.
  • Sí, Pega, la verdad es que el cuento tiene su toque irónico al final y refleja una realidad que hemos conocido.
  • ¿Por qué confiamos en unos alces jóvenes y descerebrados? Nosotros somos urracas y siendo seres volátiles estamos muy por encima de esos estúpidos comehierbas.
  • Son muy vistosos con su poderoso tamaño, sus hermosas cornamentas y sus arrogantes siluetas paseando por el bosque y éstos dos, aunque revelaban deficiencias, tuvieron la suficiente destreza como para acabar con Relámpago.
  • Acabaron en aquel momento, Pica. Cuando recuperó el poder, se hizo más fuerte.
  • Sí, la verdad es que los jóvenes alces no estuvieron a la altura y consiguieron el retorno triunfal de Relámpago.
  • ¿A la altura? ¿Crees que después de su inesperado triunfo es normal ponerse a discutir si la victoria es producto de las astas de Morris o del poderío corporal de Bálsamo? Urraca, no me jodas.
  • Eran jóvenes y pensaban que el mundo se arreglaba ganando batallas, recuerda como sus partidarios se dividieron en dos bandos enfrentados.
  • Sí, Morristas y Balsamitas se pasaban el día dando el coñazo en cargantes e interminables combates cuerpo solo para enseñarnos el poder de sus astas.
  • Rumiantes al fin y al cabo.
  • También intervinieron monos ¿te acuerdas de aquel que se daba aires pretenciosos de intelectual y decía tener la verdad absoluta porque encontró tiradas bajo un árbol unas gafas redondas?
  • Sí, claro, aquel que contaba que era un profesor reconocidísimo en una reconocidísima universidad de primates.
  • No te fíes de monos.
  • Ni de alces.
  • Menos mal que somos urracas, Pica.
  • Menos mal, Pega.

  • (El resto de historias de Pega y Pica en este enlace)